Lugares con alma

¿Sabes? Al José Alfredo he ido alguna noche solo. Sencillamente a apoyarme en la barra e ir tomándole la postura a esa eternidad que dispensan hasta la tres de la madrugada algunos bares de la ciudad. Sucede algo en ese costado de la Gran Vía que sólo se da en aquellos locales que han superado la podredumbre ambiental de lo obvio y gastan una temperatura propia, allá donde un hombre no es sustituido por otro bizqueando sobre el escote abisal de la misma camarera. El José Alfredo es una forma de estar en Madrid, una manera de asumir la madrugada como único argumento de la obra. Mola entrar en él y no sentir esa horrible cualidad de igualador que implica todo alcohol abrevado en manada. Lo primero que ves al entrar es la barra con almohadilla vintage que está en el garito desde que era un antro con modales de pub inglés, allá por los 60/70. Justo antes de convertirse en grasa bar de platos combinados. Hasta que un día asumió el tinglado Marcos Mastretta y la cosa funcionó....