21 junio 2017

Peter Pan se casa con Wendy

Circulan por ahí algunos libros cuyos autores han tenido la original - y, para mí, feliz - idea de darles un vuelco total a los finales de los cuentos infantiles más tradicionales y conocidos... Te partes de risa, se lo aseguro... Imaginen, por ejemplo -como algunos de esos escritores han ideado- que Caperucita Roja lleva en la cestita, en lugar de miel para su abuelita, una navaja albaceteña de dimensiones considerables; y que, lejos de dejarse amilanar por los afilados colmillos del lobo, saca su genio de mil demonios y, de una certera puñalada, deja a la fiera más seca que un campo castellano en pleno mes de agosto... 

Imaginen que a Blancanieves no la salvan ni el príncipe, ni los siete enanitos, ni la paz ni la caridad: ¡vamos!, que casca para toda la eternidad envenenada por la manzana de la bruja; y todo porque Blancanieves es tan imbécil que hinca el diente en la fruta que le ofrece una tía con aspecto más que asqueroso... Imaginen que Peter Pan se deja de rollos de niños perdidos y de manías de no crecer y, felizmente casado con Wendy, se convierte en un ejecutivo agresivo de la City londinense, en un broker de armas tomar.

Personalmente, el cuento al que más me apetece y mola darle la vuelta como un calcetín es al de la lechera... Yo lo dejaría más o menos así: «Érase una vez una lechera tirando a pesimista y con ramalazos de ceniza... Se encaminaba, con su cántara de leche haciendo peligrosos equilibrios sobre su cabeza, hacia el mercado del pueblo más cercano a su granja... Y estos eran sus pensamientos: 'Voy a tropezar con un pedrusco porque soy la moza más torpe del villorrio... Se me va a caer la cántara de la cabeza porque, simple y boba de mí, no se me ha ocurrido cargarla en la carretilla de mi señor padre y, así, llevarla segurita hasta el mercado... Como la leche se derramará, no tendré ni un céntimo para darme mechas en la peluquería del pueblo, estaré más fea que Picio y mi novio me plantará... Y, entonces, me agarraré una depresión de toma pan y moja y seré desgraciada toda mi vida'... Eso iba pensando la lechera... 

Pero hete aquí que no hubo pedruscos en su camino, que la cántara se mantuvo incólume sobre su cabeza, que la leche llegó sana y salva hasta el mercado justo la semana en el que su precio había pegado un subidón; con el dinero ganado, la lechera se compró un gallo y una gallina y, así, puso los cimientos de una granja avícola floreciente y rentable... Y aún le sobró dinero para darse mechas en la peluquería y su novio, al verla hecha un bellezón, le propuso matrimonio de inmediato. Y se casaron. Y fueron felices. Y comieron perdices. Y, colorín, colorado, este cuento se ha acabado».

¿Qué por qué se me ocurren estas tontunas?... Pues porque vengo observando que, cuando el ambiente profesional y laboral se carga de pesimismo, amenaza tormenta e impera la incertidumbre, hay algunos, cierta gente, que, en lugar de sumirse en un letargo semi-desesperado, se lanzan como flechas por el camino de la impaciencia... O sea: quieren certezas, seguridad, garantías a toda costa; o, incluso, quieren que, como a la lechera, la cántara de «lo peor que me puede pasar» se estrelle ¡¡¡¡ya!!!! y cesen la angustia y el terror.

Al modo de los yuppies, insisto, esas gentes lo quieren todo -toda la catástrofe, si es lo que tiene que venir- ¡ahora!, ¡¡inmediatamente!!, ¡¡¡en este mismísimo momento!!! Están deseando, en el colmo de la desesperación, que todas las puertas se cierren de una vez con un «¡clac, clac, clac!» sin vuelta atrás, como en esas películas de prisiones en las que introducen al detenido en su celda para cumplir cadena perpetua... ¡Y no, hombre, no!: la esperanza -una virtud imprescindible en la vida, incluida la vida laboral-, además de ser «lo último que se pierde», como reza el tópico, se elabora con dos ingredientes esenciales: de una parte, la paciencia, la confianza serena en que las cosas -aún las peores cosas- pueden cambiar y cambian; y, de otra, la seguridad en uno mismo: la certeza de que, como trabajadores, como profesionales, somos unas/unos lecheras/lecheros capaces de mantener en perfecto equilibrio sobre nuestra cabeza la cántara en la que llevamos nuestro futuro...

Cierto que las tentaciones de dejarse llevar por la desesperanza -incluso por la desesperación-, por la impaciencia y por el pesimismo sobre nuestra capacidad para abrirnos camino en el trabajo son, en ocasiones, fortísimas... Pero, cuando lleguen esos momentos de agobio, cuando el suelo laboral tiemble bajo nuestros pies, amarrémonos al mástil de lo que somos, sabemos, valemos y estamos dispuestos a hacer... Amarrémonos al mástil como Ulises hizo para resistir el canto de las sirenas agoreras que lo hubiera llevado a la perdición... Y, si es necesario, hasta podemos cantarnos bajito a nosotros mismos aquel optimista bolerazo que dice: «Espera un poco, un poquito más»...

14 junio 2017

Gisela de OT da vida a Sandy de Grease

Es rubia, guapa y joven. Es Gisela, cantante ante todo y, como ella misma demuestra y siente, por encima de cualquier cosa. Saltó a la fama gracias a la primera edición de la televisiva OT -Operación Triunfo-. Compartió academia con Bisbal, Rosa de España, Bustamante o Chenoa. Allí se le quedó su insaparable apodo de Campanilla. No es de extrañar, pues esta chica no ha dejado de cantar para Disney desde 2002. Ahora, cambiando un poco de registro, da vida a Sandy, la prota del musical de Grease en el madrileño Teatro Nuevo Apolo.

Es la protagonista en Grease, ¿se identifica más con la Sandy estudiosa, buena y 'yo nunca he roto un plato' o con la que tira el cigarro al suelo, lo aplasta y comienza a bailar sensualmente?
Respuesta.- Creo que con las dos. Tengo ese momento de niña buena, de cierta pureza porque he trabajado mucho con niños. Pero tengo otra parte cañera que con la edad también la vas adquiriendo. Creo que tengo una mezcla muy interesante que me va muy bien para este personaje, pienso que me va como anillo al dedo.

¿Soñó de pequeña con ser Olivia Newton-John?
Sí. Creo que es una película que hemos visto todos y con la que siempre nos hemos identificado, sobre todo de pequeñas.
Sustituye a Edurne en el musical, otra triunfita... ¿casualidad o no tiene nada que ver?
No tiene nada que ver ni con una ni con otra. Simplemente me llamaron a mí porque daba el perfil. Pero ha sido, creo yo, por físico y por talento, porque yo tengo una trayectoria de musicales importante y supongo que iban un poco a tiro fijo. Además sólo tuve seis días para aprenderme el guión.
¿Sólo? Será entonces usted muy inteligente...

Rápida, más bien (risas). Fue una locura. Yo salí a escena como temblando porque era demasiada información en muy poquito tiempo. Aunque no tenga unos diálogos que sean de Shakespeare, pero tienes que aprendértelos y moverte y no chocar con nadie.
La imagino entonces con la taza de café y los papeles, en la compra y con los papeles... a todas horas

Sí, claro, un intensivo de 24 horas. Con muchos vídeos, viéndome mucho la película para prepararme el personaje... De hecho la primera semana de actuación fue un poco para mí de ensayo general, aunque ahora ya le he congido el tranquillo.
En el plano OT, ¿cree que hay una maldición con los que quedan en el primer puesto? No se vuelve a oír hablar de ellos...
No sé, es que esta profesión es muy complicada. El primer boom fue muy importante, pero a partir de ahí te tienes que buscar la vida. ¿Los que ganan? Pues no sé si al final les quieren exprimir tanto que son como muñecos rotos o que no tienen a su alrededor las personas adecuadas.

¿Y usted? ¿Si que las ha tenido? Porque su manager es su hermano...
Yo me considero muy afortunada. Mi hermano se puede equivocar, pero nunca lo hará en mi contra. Siempre ha cuidado a la persona antes que a la artista.
Usted ha pasado de cantar a Peter Pan, La Bella y la Bestia,... a interpretar a una prostituta mala en Aloma... ¿cómo se come eso?
Son evoluciones necesarias. La dulzura la sigo llevando dentro y a mí me apetecía dar un cambio de registro interpretativo. Me pareció muy interesante y que me podía abrir otro tipo de puertas. Además ya tenía ganas de quitarme un poco la princesa de encima.

¿Ha bailado alguna vez el chiki-chiki o le daba rabia porque él pudo cantar en la final de Eurovisión y usted, representando a Andorra, no pasó la semifinal?
(Risas) No, nunca lo he bailado, aunque con los amigos hacíamos letras paralelas. Rabia no, pero da pena que, en lugar de una persona que se quiere dedicar a esto luego haya un actor que se muere ahí.

Empezó a estudiar Periodismo y lo dejó por OT... ¿Mereció la pena?
Sí. No puedo hablarte de una vida que no he vivido pero estoy muy contenta. He vivido tantas cosas que de otra manera no hubieran ocurrido... Los de OT1 éramos los Beatles españoles, esas multitudes aclamándonos... es increíble.
Pero aún así, si fuera usted hoy la periodista que entrevista a la Gisela famosa... ¿Qué le preguntaría?
Que me dijera la verdad de lo que hay detrás.

Pues cuéntemela...
Lo bonito es lo que se ve, pero hay otra parte detrás que no se cuenta. Hay mucha falta de respeto y muchas veces te tratan como si pudieran manejarte, como si no tuviéramos criterio. También hay mucha gente que se aprovecha y te menosprecia sin conocerte.
Barcelona, 1 de enero de 1979. Currículo. Estudió realización de programas de televisión. Comenzó a estudiar Periodismo, pero no acabó la carrera porque fue seleccionada para entrar en la primera edición de Operación Triunfo. Trabajó para Disney dentro de la academia. Ha grabado cuatro bandas sonoras para ellos. Ha doblado a la muñeca Barbie en la película Barbie, la costurera. Ganó dos gaviotas en el festival de música chileno Viña del Mar. Ha estado dos veces en Eurovisión. Éste es su quinto musical. Aficiones. «Montar a caballo». Debilidades. «El chocolate». Virtudes. « Perseverancia». Defectos. «Despiste».

31 mayo 2017

Juicy Couture el chándal de moda

¿A qué huele el deporte? ¿Cuál es el olor de una vida de supergimnasios, spas exclusivos y compras en el mall después de pilates? A éxito, claro. O a Juicy Couture, que viene a ser lo mismo. La marca que dio alas al chandaleo fino ya tiene su propio perfume. Era lo que le faltaba después de hacer pasar por el aro del sweat chic a toda celebridad femenina que se precie, desde Madonna a Paris Hilton, y de llevar su aterciopelado influjo sport al terreno masculino, infantil e incluso animal (en Beverly Hills nadie se olvida de sus mascotas). 

Un nuevo golpe maestro de Gela Nash-Taylor y Pamela Skaist-Levy, dos californianas que convirtieron su gran amistad en un negocio multimillonario. Gela (señora del Duran Duran John Taylor) y Pamela (casada con el productor televisivo Jefery Levy) han querido que su perfume sea la representación olfativa de todo aquello que les fascina: el París de María Antonieta, el teatro de los gatos de Moscú, las fotos de Cecil Beaton, el Hotel Ritz, las cajas de macarons, la campiña inglesa y el sol de California. 

Y lo han conseguido con una base de crème brûlée, vainilla, maderas preciosas y pachuli, sobre las que se alzan notas frescas de sandía, mandarina y fruta rosada de la pasión, además de pequeños toques de caléndula y manzana verde realzados con tuberosa, rosa salvaje y lirio princesa. Todo eso es Juicy Couture, la fragancia. Desde el mismo perfume hasta el gel, el exfoliante o los polvos para el cuerpo, todos los productos de la gama se presentan en envases llenos de detalles que responden a ese estilo de vida tan particular que han creado las dos imaginativas diseñadoras.

¿Qué os movió a crear Juicy Couture?
Nos conocimos en 1990 y, de inmediato, decidimos trabajar en una línea de ropa premamá, Travis Jeans, bautizada así por el hijo de Gela. En 1996 desarrollamos realmente la idea que nosotras teníamos de una marca alegre y colorida: Juicy Couture.

¿Es difícil conservar la amistad cuando hay un negocio por medio? ¿Cuál es vuestro secreto?
Somos las mejores amigas que puede haber, y tenemos tal amor por Juicy que es como si tuviéramos una sola mente. El secreto es la franqueza y la comunicación. ¡Y compartir la ropa!
Para diseñar una marca como la vuestra, ¿es importante tener sentido del humor?
Completamente. Ambas lo tenemos, desde luego, y nos hizo mucha falta cuando empezamos el negocio. Eso, y una dedicación total.

¿Cómo combináis la vida familiar con la profesional?
Es difícil mantener un equilibrio y nos limitamos a vivir al día. Por muy importante que sea Juicy, nuestras familias son lo primero.
¿El hecho de que vuestros maridos procedan del mundo artística os ayudó a desarrollar la marca?
Desde luego, sus profesiones nos han servido de referencia. Y los dos nos apoyan mucho, en parte, porque sus trabajos también son muy exigentes, así que ellos pueden sentirse identificados.

A la hora de diseñar, y como californianas que sois, ¿os influyen factores como el clima, la gente y las costumbres?
Por supuesto. Juicy tiene una fuerte influencia del estilo de vida de California, con gusto por lo informal, lo despreocupado y lo desenvuelto.

Pero también os fascina todo lo british...
Es otra de las grandes influencias. Nuestras tiendas son una mezcla alocada del estilo ecuestre inglés y del carácter californiano.

¿A quién se dirige Juicy Couture?
A una mujer confiada, divertida, despierta ¡y, por supuesto, coqueta! No tiene miedo a probar cosas nuevas y siempre está dispuesta a lucir un poquito de lujo.
¿Vuestros diseños son para una mujer eternamente joven (y no en referencia exclusiva a la edad)?
Sin duda, diseñamos para alguien que puede sintonizar con su infancia. Elementos como los volantes, los cuellos Peter Pan y los botones ornamentados lo dejan bastante claro.

Lanzáis mensajes que reivindican el girl power...
Nos inspiran mucho las mujeres fuertes e independientes. ¡Todas las que nos rodean! La inteligencia y la iniciativa son elegantes.

Los vaqueros y el chándal fueron un hit instantáneo para vuestra firma. ¿Demostrasteis que el sport también puede ser chic?
Por supuesto. El primer chándal de Juicy encarnó esto a la perfección. Lo diseñamos para el tipo de vida de la costa oeste, pero quisimos hacerlo elegante para poder utilizarlo en cualquier ocasión.

Hombres, niños, mascotas, cosméticos, accesorios... ¿Qué os queda por crear?
¡Seguiremos haciendo couture para las masas! Nos dedicamos a diseñar colecciones elegantes y espléndidas a todos los precios y para todas las chicas a quienes les guste el lujo informal. Siempre tenemos ideas sorprendentes para incorporar a la marca... ¡así que no cambiéis de sintonía! 

10 mayo 2017

Leticia Sabater la bizca que no dejó nunca de ser niña

Para Leticia Sabater no cuenta la fecha que conste en la partida de nacimiento. Es de las que piensan que la edad «te la pones tú», que es un estado de ánimo antes que físico. «Siempre es mejor cumplir años que dejar de hacerlo. El cumpleaños es un día alegre y muy especial. Vuelves a reunirte con amigos que no ves y con la familia», dice a La Otra Crónica. Más que el de la juventud eterna, su don es el de la infancia infinita. «Soy muy niña», asegura orgullosa de su síndrome de Peter Pan y habla con un asombroso conocimiento de causa de Kika Superbruja, cuyas aventuras le seducen sobremanera.

Esa fijación con la edad temprana es consecuencia de lo «maravillosa» que fue su niñez en Leganés. «Mis tres hermanas y yo siempre estuvimos muy protegidas por nuestros padres, hasta que, al cumplir los 18 años, nos fuimos de casa».

Fue entonces, al salir a la vida, cuando llegaron los novios que desaparecen del mapa sin dejar rastro. No, en esta ocasión no se acordará de Boby, que tantos regalos le hizo y tan cerca de ella estuvo en su último aniversario. «Celebro cada cumpleaños de forma diferente. Cuando era pequeña, invitaba a los compañeros del colegio, ahora doy una fiesta para mis más allegados. Esta vez nos vamos a reunir en mi casa, junto a unas 50 personas muy queridas todas ellas. La cita es a las nueve de la noche del sábado. Aunque cumplo los años el domingo, a las doce ya podemos celebrarlo».

La madrugada promete ser divertida dados la vitalidad y el buen humor de la anfitriona. Entre los asistentes a la celebración no faltarán deportistas. Como bien saben los lectores de Marca y los oyentes de esta emisora, medios en los que colabora habitualmente, Leticia es una «apasionada del fútbol, el tenis y el automovilismo». Su interés por el deporte también se remonta a la infancia. Pero sus vínculos con la tierna edad van más allá del mito y la nostalgia. Aquí y ahora última su primera novela infantil, donde da cuenta de las aventuras de Superkelly, una niña detective que resuelve enigmas por toda España.

«Para conectarme a Internet mientras sigo de gira con El mago de Oz; el musical me lleva de una ciudad a otra. Así también podría ver la película de Kika Superbruja»

20 abril 2017

Los albañiles se suben borrachos al andamio

Los policías -del detective más afamado al último de los patrulleros- de las teleseries americanas de la niñez siempre rechazaban la copa que se les ofrecía porque estaban de servicio. Luego, todos nosotros nos convertimos en policías de servicio de nuestras carreteras con aquellas campañas machaconas de la DGT: «Si bebes, no conduzcas» o «Al volante, ni una gota de alcohol». Pero aun escarbando en los recovecos de la memoria, no recuerdo nada parecido para los albañiles del tipo «Si bebes, no te subas» o «En el andamio, ni una gota de alcohol». Lo más antiguo que sale es aquel «Estar prevenidos no es suficiente, pasemos a la acción» con que se conminaba a los albañiles a... ponerse el casco.

El consumo de drogas legales o ilegales en el tajo sigue siendo el gran tabú. Bueno, no pueden hablar los demás, en especial, la patronal de la construcción a cuyo presidente, Miguel Rus, se le han echado encima por recordar que los sindicatos se muestran remisos a incorporar tests de alcoholemia y estupefacientes en la negociación del convenio.

Ayer, en el primer día de huelga en la construcción para conseguir la jornada intensiva durante tres meses, el portavoz de la Junta le afeó su conducta por cuanto se puede interpretar de sus palabras que vincula siniestralidad laboral con «conductas inapropiadas»; el secretario provincial de UGT «condenó» sus palabras porque es «una barbaridad» mezclar las reivindicaciones de los sindicatos con el consumo de «droga y alcohol» en los centros de trabajo, «lo que nos parece un error profundo por parte de la patronal sevillana»; y el secretario de la Federación de la Construcción de CCOO tiró por elevación al tildar de «indignante, una irresponsabilidad y una pasada al haberse puesto de borrachos y drogatas» a los obreros, cuando «no es verdad», además de que están abiertos a hablar de ello «siempre que, como ahora, no se plantee sólo para medidas represivas».

Convendría, antes que nada, saber de qué estamos hablando: si de carajillos bien cargados para desayunar, si de petas de marihuana, si de litronas de cerveza a media mañana o si de cocaína esnifada la noche anterior. Y hablarlo sin tapujos, con datos encima de la mesa en vez de la suposición de que no todos suben al andamio en plenitud de facultades físicas. Un estudio de UGT a partir de datos de 2006 reveló que el 27,1% de los albañiles reconocía haber trabajado alguna vez bajo los efectos del cannabis y un 10%, haberse subido al andamio o haber operado maquinaria tras la ingesta de alcohol. La secretaria de Igualdad e Inmigración de este sindicato tachó entonces de «escandaloso» el incremento del consumo de esta droga, por cuanto diez años antes, sólo declaraban haber fumado sustancias prohibidas el 7,8% de los trabajadores.

¿De eso hablamos? Pues dígase abiertamente, póngase los datos sobre la mesa, actúese con el mismo celo con que se persigue la conducción de vehículos de motor bajo el efecto del alcohol y las drogas y trátese a los adictos como enfermos que precisan deshabituación, pero no se consienta ni un día más que pongan en riesgo su vida o la de sus compañeros.

Y ahora sigan ustedes sindicalistas con su huelga y los patrones con sus lamentos para que los salvemos de la crisis, pero hagan algo para bajar alcohol y droga de los andamios.

13 abril 2017

La ley sharia, el yugo de las mujeres

Los talibán han rechazado sentarse hoy a la mesa de negociación para avanzar en una paz que cada vez parece más frágil en Afganistán. Mientras, los insurgentes expanden su dominio sobre un tercio del país, imponiendo una despiadada versión de la ley sharia que afecta indiscriminadamente a la población civil que vive bajo su yugo. Eso sí, los insurgentes no aplican con el mismo rigor esa visión extrema del islam a sus seguidores, comandantes y guerrilleros.

En Afganistán, los casos sobre la administración de la ley islámica talibán se suceden semana tras semana. Un horror inenarrable consistente en abusos, violaciones, violencia de género y penas de muerte sumarísimas. El pan de cada día en los medios de comunicación afganos, que de vez en cuando salta a la palestra mediática internacional.

Abdul Ahad, residente de Nakhijiristan –en la provincia de Badghis (al noroeste del país) y que sigue muy disputada entre el Gobierno de Kabul y los talibán– fue condenado recientemente a muerte por adulterio y "ejecutado por los insurgentes dos días después", según informó el gobernador del distrito de Qadis, Mirza Ali.

Otro de los casos más sangrantes y con escasa resonancia internacional tuvo lugar en agosto en la aldea de Tirgaran –en la provincia de Badakshan, al noroeste del país– cuando una mujer que las autoridades no quisieron identificar fue "violada por los talibán enfrente de su marido y sus tres hijos para luego ser colgada hasta morir", según explicó Lal Muhammad Ahmad Zai, uno de los portavoces de la policía en la provincia.

Además, el pasado octubre las tropas talibán que tomaron al asalto la capital provincial de Kunduz se sumieron en una orgía de violencia mutilando, asesinando y violando a civiles a placer amparados por la sharia que predica la cúpula insurgente desde su santuario en Baluchistán (Pakistán).

Los incidentes, que fueron denunciados por Amnistía Internacional, incluyeron la violación en grupo de mujeres, palizas indiscriminadas a familiares de los trabajadores gubernamentales y juicios sumarísimos in situ con las consiguientes condenas a muerte y mutilaciones.

"Cuando los talibán tomaron el control de Kunduz, anunciaron que traerían la ley y el orden a través de la sharia, pero todo lo que han hecho ha sido violar sus propias leyes", explicó una activista social afgana a Amnistía Internacional. Sirva como ejemplo el hostal universitario en el que, escribe el periodista afgano Wali Arian, "varias chicas fueron violadas y asesinadas por los guerrilleros a su paso por la Universidad de Kunduz".

Todo parece indicar que la aplicación de la sharia talibán es exclusiva para civiles y representantes de las fuerzas de seguridad afganas, o para todo aquel que se oponga al régimen religioso y autocrático insurgente.

Por ello, muchas veces –después de la aplicación de una condena en los tribunales talibán– las familias de los afectados buscan justicia por su propia cuenta. Una justicia que a menudo es igual de violenta que la ejercida por el grupo extremista islámico.

El último caso que se hace eco de esta realidad sucedió hace varias semanas en la aldea de Shanan, en la provincia de Ghazni (al este del país) cuando dos comandantes talibán y uno de sus lugartenientes fueron presuntamente asesinados "por los familiares de la menor de la que estaban abusando", informó el jefe policial de Ghazni, el general Aminullah Amarkhil.

"Hace mucho tiempo que existe demasiada impunidad ante las serias violaciones de los derechos humanos y de la ley humanitaria en el país, por lo que tenemos que adoptar urgentemente medidas concretas para romper este círculo de violencia", insistió la directora del Departamento de Derechos Humanos de la Misión de Naciones Unidas en Afganistán (Unama), Danielle Bell. Continuaba así con "la retórica de Naciones Unidas de muchas palabras de condena pero ninguna presión sobre los legisladores afganos", en las críticas palabras del activista social S. Mohammad.

Por su parte, el Gobierno de Kabul ha ratificado su "compromiso para implementar todas las convenciones que garanticen los derechos de las mujeres", explicó el representante del Ministerio de Exteriores, Nasir Ahmad Andish. "Utilizaremos todos los recursos disponibles para poner en marcha el Plan Nacional Afgano de acuerdo con la resolución 1352 de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Paz y la Seguridad", añadió.

Unas palabras que, por otro lado, no han calado entre los miembros de muchas organizaciones pro derechos humanos y activistas sociales que semanalmente denuncian casos de la aplicación de sharia talibán, así como abusos perpetrados por el Gobierno de Kabul, y que en ambos casos pocas veces llegan a los tribunales afganos.

29 marzo 2017

El elegante reloj de bolsillo de Henry Ford

El valor principal que la relojera Shinola pretende transmitir es el del orgullo por una mano de obra íntegramente made in USA.

Parece coherente, pues, que ese enaltecimiento patriótico sirviese como pretexto para el lanzamiento de su serie de Grandes Americanos. Una exclusiva colección de productos de edición limitada que rinde homenaje a las figuras más innovadoras y relevantes de la corta historia de su país.

Este año, Shinola ha decidido apostar por uno de los mayores iconos estadounidenses: un hombre que destacó tanto por sus éxitos deportivos como por su activismo, la leyenda del boxeo Muhammad Ali. El más grande. Él protagoniza la tercera edición de estas colecciones.

Antes, en 2013, los hermanos Wright, inventores de la aviación, inauguraron estas compilaciones. Los productos encargados de levantar el telón: un reloj exclusivo (cómo no) y una bicicleta de producción numerada.

Una bicicleta, sí. Y es que esta empresa de Detroit (que adquirió su nombre de un famoso fabricante de betún para zapatos) amplió su oferta en 2017 para, además de relojes, fabricar bicicletas, artículos de cuero, cuadernos, prendas de ropa y hasta complementos para mascotas. Todo ello sin perder su esencia artesanal y detallista. Una especie de estudio de diseño al que lo mismo le da un cronógrafo que un jersey; eso sí, manteniendo intacto su espíritu masculino y vintage.

Tras el éxito cosechado con la primera colección, la marca decidió continuar la serie. Esta vez honrando a Henry Ford, el padre de la industria moderna –y de la firma automovilística de su mismo nombre–, diseñando para la ocasión un elegante reloj de bolsillo.

Y ahora llegamos a Ali. Su colección comienza con una única serie de 400 unidades del reloj Muhammad Ali Center, llamado así en referencia al museo y centro cultural dedicado al boxeador, al que irán destinadas parte de las ganancias de las ventas y cuyo décimo aniversario coincide con este esperado lanzamiento.

Se trata de una pieza de acero inoxidable con correa de piel de cocodrilo y forro rojo. Quizás como guiño al reptil contra el que, en uno de sus más célebres discursos, el púgil afirmó haber luchado (amén de una ballena, una roca, un rayo y algunas otras criaturas más).

Rememorando su época dorada sobre el ring, la firma también presenta una túnica de boxeo (diseñada por la marca neoyorquina Sleepy Jones), así como una sudadera old-school bordada con su nombre de nacimiento, Cassius Clay, y una bici hecha a mano de edición limitada (25 unidades).

Como broche final, un par de guantes de boxeo de cuero y una nostálgica cuerda para saltar que conforman una equipación de entrenamiento perfecta, sea su finalidad desgastarse entre sangre, sudor y ganchos o simplemente decorar el armario. Dios (o Alá) bendiga América y América bendiga a Ali.